Andrade Marín

Parroquia Urbana ubicada hacia el este de Atuntaqui; de singular importancia por su valor histórico ya que aquí se ubica la “Ex – Fábrica Textil Imbabura” – 1922 (Único Patrimonio Cultural Industrial del Ecuador-2001) factoría que fue la base del actual desarrollo textil y cultural de la ciudad y base para el nacimiento a la vida político-administrativa de Antonio Ante en 1938 y del nacimiento de tradiciones importantes como la fiesta de inocentes de fin de año.


CULTURA Y ATRACTIVOS TURÍSTICOS


Tiene una riqueza cultural muy importante ya que en este sector se asientan gran parte del complejo de TOLAS del cantón y la provincia, de entre las que destacan OROZCOTOLA Y PUPOTOLA, sepulcro del Rey Cacha y su hija Pacha respectivamente. Rica además en su cultura religiosa ya que aquí se construyó el gran Santuario de la Virgen de Lourdes en honor y devoción a esta Santa, de la cual los fieles de la parroquia poseen una leyenda muy importante.


HISTORIA


Andrade Marín hasta 1965 contaba con un imperio el más grande de la Industria Textil que fue la Industrial Algodonera “SA” que dio albergue a más de 750 trabajadores. A continuación la historia de esta tierra desde el tiempo de los Incas.


Conocida es la odisea guerrera de Túpac Yupanqui y de Huaynacápac contra los antiguos pobladores de nuestro rincón americano.
Túpac Yupanqui avanzaba gradualmente por el territorio enemigo, nos lo cuenta el historiador Francisco Moncayo, sagaz y astuto fue venciendo a los pueblos que se enfrentaban en grandes encuentros.


Su hijo Huaynacápac fue el heroico continuador de las hazañas de Túpac y al fin, Hatuntaqui y más tarde Yahuarcocha fueron los últimos reductos del valor de los indómitos caras.


El pueblo de los Incas fue eminentemente agrícola y sus parcelas las repartían a los padres de familia en atención al número de sus hijos y al sexo.
Pero además de agrícola fue también laborioso en otros aspectos. Conocía la fundición, la fabricación de telas de lana y algodón en las cuales tuvo una manifiesta superioridad sobre las artes de nuestros antiguos pobladores.


Estos pueblos florecieron admirablemente y la industria de estos tejidos, en los cuales se fabricaban los vestidos, que a pesar de ser los mismos en todas partes, en su confección general diferían por el color y los detalles, estableciendo así un medio de diferenciación de pueblo a pueblo.
A cada provincia le estaba señalado el color del vestido y la manera de tocado que había de usarse en ella.


La esquila se encomendaba a los hombres, lo mismo que las cosechas de los copos de algodón. Trabajo más duro. Más, como la ociosidad era un delito penado, las mujeres aportaban su contingente, hilaban la lana y el algodón, con obligación exclusiva, trabajo preparatorio para el tejido, la de los lienzos y la urdidumbre de las mantas, encomendando otra vez al esfuerzo de los hombres.


El sistema comunal, el no-conocimiento de la moneda, la prohibición del lucro determinaban la ausencia del comercio y la industria. Pero sí existían industrias que aportaban con sus productos a la suntuosidad de la corte y al bienestar del soberano.


Pero vendría la Colonia y con ella la transición, el cambio a un cúmulo de despotismo y humillaciones, de explotación, donde el indio es la única víctima.
Los nobles, los conquistadores, los hijos, sus descendientes, y los hijos descendientes de los primeros pobladores de las ciudades, los mestizos, fruto del cruce de españoles con indios, los jefes de taller, los simples artesanos, todos estaban colocados en un nivel superior al de los indios.


Los españoles que venían de la Península Ibérica miraban con desdén toda industria todo oficio y, en general, todo trabajo: Los mismos labradores, los mismos artesanos, cuando venían acá se avergonzaban de sus oficios y era muy raro el que volvieran a practicarlos. Luego, todas esas gentes de humilde condición perdían sus hábitos de trabajo y, adquirían todos los resabios de los nobles, sin poseer ni una siquiera de sus virtudes; las faenas del campo y algunos oficios quedaron, pues, reservados solo para los indios porque los blancos tuvieron a menos ejercerlos (Gonzáles Suárez). De aquí que todas las industrias estuvieran a cargo de los indios, de los hijos de éstos y de los mestizos. Florecieron, entonces, verdaderos talentos, admirables habilidades, sobre todo en tejidos, en pintura y en escultura.


Atravesar, en primer término estos referentes de identidad histórica, considero que nos permitirá tener una cosmovisión más amplia de la laboriosidad de los anteños y su capacidad para emprender en la industria.


ARRIERÍA


La Arriería, una de las más grandes empresas de la época, y único medio de transporte de carga desde mediados del siglo XIX, antes de la terminación del Ferrocarril Guayaquil – Quito se había desarrollado considerablemente. El ganado mular sobresalía por su número y era conservado en buenos alfalfares y pastos (Pedro M. Zumárraga).
Con la apertura del Ferrocarril Quito – Ibarra la arriería disminuyó considerablemente.


Fuera de la agricultura, las industrias sobresalientes fueron las manufacturas de tejidos de lana y cabuya en San Roque y la Zapatería en Atuntaqui.

 

 

 

 

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